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Cantata Santa María de Iquique

Quilapayún


Lingua: Spagnolo


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(Quilapayún)


[1969/70]
Letra y Música de Luis Advis Vitaglich
Testo e musica di Luis Advis Vitaglich
Lyrics and Music by Luis Advis Vitaglich

Primera interpretación y grabación por Quilapayún [1970]
Prima interpretazioe e incisione dei Quilapayún [1970]
First performed and recorded by Quilapayún [1970]

Voz recitante: Héctor Duvauchelle
Voce recitante: Héctor Duvauchelle
Reciting voice: Héctor Duvauchelle

Iquique, 21 dicembre 1907. Gli scioperanti in Plaza Montt. Di lì a poco saranno massacrati dai soldati nella Escuela Santa María.
Iquique, 21 dicembre 1907. Gli scioperanti in Plaza Montt. Di lì a poco saranno massacrati dai soldati nella Escuela Santa María.


iqq LA CANTATA SANTA MARIA DE IQUIQUE

La “Cantata Santa María de Iquique” fue compuesta por Luis Advis a fines de 1969. El texto se basa en el libro “Reseña Histórica de Tarapacá, del cual extrajo la mayoría de los datos históricos. Musicalmente, la obra sigue la estructura de las antiguas cantatas populares, pero sustituye el motivo religioso tradicional por un tema social. Es música de tradición europea que incluye elementos de raíz americana.

A principios de 1970 el director musical de Quilapayún, Eduardo Carrasco le pidió a Luis Advis que arreglara algunas canciones de la cantante griega Danae. Ese mismo día, Advis le enseñó parte del material en que estaba trabajando: una cantata inspirada en la masacre de los obreros del salitre en 1907. Al poco tiempo Quilapayún montó la “Cantata Santa María de Iquique” y la estrenó oficialmente en julio de 1970 en el Segundo Festival de la Nueva Canción Chilena. Un par de meses después del estreno, Quilapayún y Héctor Duvauchelle entraron a los ex estudios de la RCA para grabarla. Los integrantes del registro fueron: en Quilapayún: Eduardo Carrasco, Carlos Quezada, Willy Oddó, Patricio Castillo, Hernán Gómez, Rodolfo Parada; y como relator: Héctor Duvauchelle.

Si bien, el compositor no se declara perteneciente a ningún partido político, la cantata logra un revuelo social como pocas obras. Esto, además de ser la obra cumbre del movimiento de la Nueva Canción Chilena.

"Lucho, sin ser político, había dado en el clavo", escribió Eduardo Carrasco en su libro “Quilapayún, la Revolución y las Estrellas” (Ornitorrinco.1988).

Luego del Golpe Militar las cintas masters de la “Cantata Santa María de Iquique” fueron destruidas. Sin embargo, el conjunto en su exilio siguió presentándola. En 1978, Quilapayún vuelve a grabar esta pieza en Europa pero para gran disgusto de Advis, encargaron al escritor argentino Julio Cortázar la remodelación de parte del texto original e hicieron pequeños arreglos instrumentales. Aunque esta nueva versión fue grabada dos veces, el grupo siguió interpretándola después como fue creada originalmente por su autor.

"No me gusta que corrijan mis textos sin preguntarme, además que en ninguna parte yo uso la palabra pueblo como la usa Cortázar. Estaba tan molesto con ese señor que le iba a escribir una carta, pero no lo hice porque al mes siguiente murió", dijo a la prensa Advis.

El 1 de noviembre de 1997 la misma agrupación musical vuelve vestir sus tradicionales ponchos negros y presenta por primera vez “La Cantata Santa María de Iquique” en las salitreras del norte grande, (en Santa Laura, al interior de Iquique). En ese concierto participaron Daniel Valladares, Rodolfo Parada, Patricio Wang, Hugo Lagos. Guillermo García y Hernán Gómez. Invitada: la cellista Gabriela Olivares; y relator: Héctor Noguera.

En 1999 por iniciativa de La División de Cultura y SCD fue publicada la partitura de la “Cantata Santa María de Iquique”, dentro de una colección de partituras chilenas. La edición abre con un texto de Eduardo Carrasco que dice:

" ... Su valor radica en el modo como en ella se han logrado sintetizar, la inspiración y el talento del autor, con los sentimientos y valores de la época en que fue escrita. Ella fue compuesta entre el mes de noviembre de 1969 y marzo de 1970 para ser interpretada por el conjunto Quilapayún.

Para llevar a cabo esta composición, el autor tuvo como base algunos trozos de obras anteriores, escritas como música para teatro (obras de Jaime Silva y de Isidora Aguirre), así como un conjunto de poemas escritos a comienzos de 1968, como resultado de un largo viaje por Iquique (norte de Chile) y sus alrededores. El capítulo especial dedicado a la matanza de la Escuela de Santa María del libro regional titulado "Reseña histórica de Tarapacá", de Carlos Alfaro Calderón y Miguel Bustos publicado en Iquique el año 1935, sirvió como única ayuda informativa para la confección del texto. El tema recuerda la matanza de mineros que tuvo lugar en 1907, en la Escuela Santa María de Iquique, hecho que a pesar de ser ignorado por la historia oficial, quedó grabado en la memoria de las gentes del norte.

Esta Cantata Santa María marca el resultado más logrado en un género de obras, anteriores y posteriores a esta, que se ha denominado en Chile y en América Latina, "cantata", precisamente por el modelo que ha establecido esta obra. La idea central es la de unir ritmos folklóricos nacionales con una música de mayor elaboración, dando lugar a un género intermedio entre lo popular y lo culto. Ella conserva además el carácter dramático de la esencia de la cantata clásica, aunque en este caso la acción que se musicaliza está relatada y no cantada (recitativo). Eso permite un mayor realismo en el relato y una mayor atención prestada al carácter dramático de la música. Este género abrió un horizonte insospechado al desarrollo de la música popular en Chile y en el continente, pero además, permitió establecer un nuevo puente entre los músicos doctos y los músicos populares, sentando así las bases de una nueva música que, sin dejar de ser popular en el sentido de la amplia difusión, no renuncia a propósitos artísticos más ambiciosos.

I Quilapayún nel 1969.
I Quilapayún nel 1969.
Esta conserva las arias y coros cantados, los trozos instrumentales de la cantata clásica. La orquestación está escrita para instrumentos folklóricos, agregando a ellos un violoncello y un contrabajo, y conservando la alternancia entre coros y solistas. La obra, de gran factura expresiva, utiliza en forma original la armonía clásica romántica, creando efectos climáticos de gran impacto emocional. Introduce además eficaces contrapuntos, logrando un sentido de unidad compositiva rara vez lograda en obras de este tipo.

La obra se estrenó en julio de 1970, en el Teatro La Reforma de Santiago de Chile, y fue posteriormente presentada en el segundo Festival de la Nueva Canción Chilena, que tuvo lugar en agosto del mismo año, en el Estadio Chile de Santiago (actual Estadio Víctor Jara). En su estreno fueron intérpretes el conjunto Quilapayún y el actor Héctor Duvauchelle, quién también participó en la primera grabación de la obra, realizada pocos meses después...".

La Escuela Santa María di Iquique, il teatro del massacro.
La Escuela Santa María di Iquique, il teatro del massacro.

actLa Cantata Santa María de Iquique è l'opera capitale della Nueva Canción Chilena. Fu rimaneggiata in seguito dal poeta Julio Cortázar, ma ho preferito riportarla nel testo originale di Luis Advis; forse meno "poetico", ma più crudo e autentico.
La "Cantata Santa María de Iquique" non ha potuto essere eseguita in Cile dall'11 settembre 1973 fino al 1990. Pena l'arresto o la deportazione.
I fatti narrati accaddero nella città di Iquique tra il 15 e il 21 dicembre 1907; fatti del tutto simili, avvenuti pochi mesi prima a Marusia (in agosto) hanno ispirato anche un celebre film, Actas de Marusia, del regista Miguel Littín, interpretato da Gian Maria Volonté. Il film era tratto a sua volta da un libro di Patricio Manns. Curiosamente, negli stessi identici giorni del massacro di Iquique, fu soffocata nel sangue un'altra protesta di minatori a migliaia di chilometri di distanza, in Romania. I morti di Iquique furono in tutto 3721, quelli in Romania oltre 1500.
L'ordine fu ovviamente ristabilito.
1. Pregón

Señoras y Señores
venimos a contar
aquello que la historia
no quiere recordar.
Pasó en el Norte Grande,
fue Iquique la ciudad.
Mil novecientos siete
marcó fatalidad.
Allí al pampino pobre
mataron por matar.

Seremos los hablantes
diremos la verdad.
Verdad que es muerte amarga
de obreros del Salar.
Recuerden nuestra historia
de duelo sin perdón.
Por más que el tiempo pase
no hay nunca que olvidar.
Ahora les pedimos
que pongan atención.

2. Relato I

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio,
el suelo sin milagro y oficinas vacías,
como el último desierto.

Y si observan la pampa y la imaginan
en tiempos de la Industria del Salitre
verán a la mujer y al fogón mustio,
al obrero sin cara, al niño triste.

También verán la choza mortecina,
la vela que alumbraba su carencia,
algunas calaminas por paredes
y por lecho, los sacos y la tierra.

También verán castigos humillantes,
un cepo en que fijaban al obrero
por días y por días contra el sol;
no importa si al final se iba muriendo.

La culpa del obrero, muchas veces,
era el dolor altivo que mostraba.
Rebelión impotente, ¡una insolencia!
La ley del patrón rico es ley sagrada.

También verán el pago que les daban.
Dinero no veían, sólo fichas;
una por cada día trabajado,
y aquélla era cambiada por comida.

¡Cuidado con comprar en otras partes!
De ninguna manera se podía
aunque las cosas fuesen más baratas.
Lo había prohibido la Oficina.

El poder comprador de aquella ficha
había ido bajando con el tiempo
pero el mismo jornal seguían pagando.
Ni por nada del mundo un aumento.

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio.
Y si observan la pampa cómo fuera
sentirán, destrozados, los lamentos.

3. Canción I

El sol en desierto grande
y la sal que nos quemaba.
El frío en las soledades,
camanchaca y noche larga.
El hambre de piedra seca
y quejidos que escuchaba.
e i gemiti che ascoltava.
La vida de muerte lenta
y la lágrima soltada.

Las casas desposeídas
y el obrero que esperaba
al sueño que era el olvido
sólo espina postergada.
El viento en la pampa inmensa
nunca más se terminara.
Dureza de sequedades
para siempre se quedara.

Salitre, lluvia bendita,
se volvía la malvada.
La pampa, pan de los días,
cementerio y tierra amarga.
Seguía pasando el tiempo
y seguía historia mala,
dureza de sequedades
para siempre se quedara.

4. Relato II

Se había acumulado mucho daño,
mucha pobreza, muchas injusticias;
ya no podían más y las palabras
tuvieron que pedir lo que debían.

A fines de mil novecientos siete
se gestaba la huelga en San Lorenzo
y al mismo tiempo todos escuchaban
un grito que volaba en el desierto.

De una a otra Oficina, como ráfagas,
se oían las protestas del obrero.
De una a otra Oficina, los Señores,
el rostro indiferente o el desprecio.

Qué les puede importar la rebeldía
de los desposeídos, de los parias.
Ya pronto volverán arrepentidos,
el hambre los traerá, cabeza gacha.

¿Qué hacer entonces, qué, si nadie escucha?
Hermano con hermano preguntaban.
Es justo lo pedido y es tan poco
¿tendremos que perder las esperanzas?

Así, con el amor y el sufrimiento
se fueron aunando voluntades,
en un solo lugar comprenderían,
había que bajar al puerto grande.

5. Canción II: Vamos, mujer

Vamos mujer,
partamos a la ciudad.
Todo será distinto,
no hay que dudar.
No hay que dudar,
confía, ya vas a ver,
porque en Iquique
todos van a entender.

Toma mujer mi manta,
te abrigará.
Ponte al niñito en brazos,
no llorará.
No llorará, confía,
va a sonreír.
Le cantarás un canto,
se va a dormir.

¿Qué es lo que pasa?,
dime, no calles más.
Largo camino tienes
que recorrer
atravesando cerros,
vamos mujer.
Vamos mujer, confía,
que hay que llegar
en la ciudad
podremos ver todo el mar.

Dicen que Iquique es grande
como un Salar,
que hay muchas casas lindas,
te gustarán.
Te gustarán, confía,
como que hay Dios,
allá en el puerto todo
va a ser mejor.

¿Qué es lo que pasa?,
dime, no calles más.
Vamos mujer,
partamos a la ciudad.
Todo será distinto,
no hay que dudar.
No hay que dudar, confía,
ya vas a ver,
porque en Iquique
todos van a entender.

6. Relato III

Del quince al veintiuno,
mes de diciembre,
se hizo el largo viaje
por las pendientes.
Veintiséis mil bajaron
o tal vez más
con silencios gastados
en el Salar.
nelle miniere di salnitro.
Iban bajando ansiosos,
iban llegando
los miles de la pampa,
los postergados.
No mendigaban nada,
sólo querían
respuesta a lo pedido,
respuesta limpia.

Algunos en Iquique
los comprendieron
y se unieron a ellos,
eran los Gremios.
Y solidarizaron
los carpinteros,
los de la Maestranza,
los carreteros,
los pintores y sastres,
los jornaleros,
lancheros y albañiles,
los panaderos,
gasfiteros y abastos,
los cargadores.
Gremios de apoyo justo,
de gente pobre.

Los Señores de Iquique
tenían miedo;
era mucho pedir
ver tanto obrero.
El pampino no era
hombre cabal,
podía ser ladrón
o asesinar.
Mientras tanto las casas
eran cerradas,
miraban solamente
tras las ventanas.
El Comercio cerró
también sus puertas,
había que cuidarse
de tanta bestia.
Mejor que los juntaran
en algún sitio,
si andaban por las calles
era un peligro.

7. Interludio cantado

Se han unido con nosotros
compañeros de esperanza
y los otros, los más ricos,
no nos quieren dar la cara.

Hasta Iquique nos hemos venido
pero Iquique nos ve como extraños.
Nos comprenden algunos amigos
y los otros nos quitan la mano.

8. Relato IV

El sitio al que los llevaban
era una escuela vacía
y la escuela se llamaba
Santa María.

Dejaron a los obreros,
los dejaron con sonrisas.
Que esperaran les dijeron
sólo unos días.

Los hombres se confiaron,
no les faltaba paciencia
ya que habían esperado
la vida entera.

Siete días esperaron,
pero qué infierno se vuelven
cuando el pan se está jugando
con la muerte.

Obrero siempre es peligro.
Precaverse es necesario.
Así el Estado de Sitio
fue declarado.
fu dichiarato.

El aire trajo un anuncio,
se oía tambor ausente.
Era el día veintiuno
de diciembre.

9. Canción III

Soy obrero pampino y soy
tan reviejo como el que más
y comienza a cantar mi voz
con temores de algo fatal.

Lo que siento en esta ocasión,
lo tendré que comunicar,
algo triste va a suceder,
algo horrible nos pasará.

El desierto me ha sido infiel,
sólo tierra cascada y sal,
piedra amarga de mi dolor,
roca triste de sequedad.

Ya no siento más que mudez
y agonías de soledad
sólo ruinas de ingratitud
y recuerdos que hacen llorar.

Que en la vida no hay que temer
lo he aprendido ya con la edad,
pero adentro siento un clamor
y que ahora me hace temblar.

Es la muerte que surgirá
galopando en la oscuridad.
Por el mar aparecerá,
ya soy viejo y sé que vendrá.

10. Relato V

Nadie diga palabra
que llegará
un noble militar,
un General.
Él sabrá cómo hablarles,
con el cuidado
que trata el caballero
a sus lacayos.
coi suoi lacche'.
El General ya llega
con mucho boato
y muy bien precavido
con sus soldados.
Las ametralladoras
están dispuestas
y estratégicamente
rodean la escuela.

Desde un balcón les habla
con dignidad.
Esto es lo que les dice
el General
"Que no sirve de nada
tanta comedia.
Que dejen de inventar
tanta miseria.
Que no entienden deberes
son ignorantes.
Que perturban el orden,
que son maleantes.
Que están contra el país,
que son traidores.
Que roban a la patria,
que son ladrones.
Que han violado a mujeres,
que son indignos.
Que han matado a soldados,
son asesinos.
Que es mejor que se vayan
sin protestar
Que aunque pidan y pidan
nada obtendrán.
Vayan saliendo entonces
de ese lugar,
que si no acatan órdenes
lo sentirán".

Desde la escuela, "El Rucio",
obrero ardiente,
responde sin vacilar
con voz valiente,
"Usted, señor General
no nos entiende.
Seguiremos esperando,
así nos cueste.
Ya no somos animales,
ya no rebaños,
levantaremos la mano,
el puño en alto.
Vamos a dar nuevas fuerzas
con nuestro ejemplo
Y el futuro lo sabrá,
se lo prometo.
Y si quiere amenazar
aquí estoy yo.
Dispárele a este obrero
al corazón".

El General que lo escucha
no ha vacilado,
con rabia y gesto altanero
le ha disparado,
y el primer disparo es orden
para matanza
y así comienza el infierno
con las descargas.

11. Canción litanía

Murieron tres mil seiscientos,
uno tras otro.
Tres mil seiscientos
mataron uno tras otro.

La escuela Santa María
vio sangre obrera.
La sangre que conocía
sólo miseria.

Serían tres mil seiscientos
ensordecidos.
Y fueron tres mil seiscientos
enmudecidos.

La escuela Santa María
fue el exterminio
de vida que se moría,
sólo alarido.

Tres mil seiscientas miradas
que se apagaron.
Tres mil seiscientos obreros
asesinados.

12. Canción IV

Un niño juega en la escuela
Santa María.
Si juega a buscar tesoros
¿qué encontraría?

A los hombres de la pampa
que quisieron protestar
los mataron como perros
porque había que matar.

No hay que ser pobre, amigo,
es peligroso.
No hay ni que hablar, amigo,
es peligroso.

Las mujeres de la Pampa
se pusieron a llorar
y también las matarían
porque había que matar.

No hay que ser pobre, amiga,
es peligroso.
No hay que llorar, amiga,
es peligroso.

Y a los niños de la Pampa
que miraban, nada más,
también a ellos los mataron
porque había que matar.

No hay que ser pobre, hijito,
es peligroso.
No hay que nacer, hijito,
es peligroso.

¿Dónde están los asesinos
que mataron por matar?
Lo juramos por la tierra,
los tendremos que encontrar.

Lo juramos por la vida,
lo tendremos que encontrar.
Lo juramos por la muerte,
los tendremos que encontrar.

Lo juramos compañeros,
ese día llegará.

13. Canción pregón

Señoras y señores,
aquí termina
las historia de la escuela
Santa María.
Y ahora con respeto
les pediría
que escuchen la canción
de despedida.

14. Canción final

Ustedes que ya escucharon
la historia que se contó
no sigan allí sentados
pensando que ya pasó.
No basta sólo el recuerdo,
el canto no bastará.
No basta sólo el lamento,
miremos la realidad.

Quizás mañana o pasado
o bien, en un tiempo más,
la historia que han escuchado
de nuevo sucederá.
Es Chile un país tan largo,
mil cosas pueden pasar
si es que no nos preparamos
resueltos para luchar.
Tenemos razones puras,
tenemos por qué pelear.
Tenemos las manos duras,
tenemos con qué ganar.

Unámonos como hermanos
que nadie nos vencerá.
Si quieren esclavizarnos,
jamás lo podrán lograr.
La tierra será de todos
también será nuestro el mar.
Justicia habrá para todos
y habrá también libertad.
Luchemos por los derechos
que todos deben tener.
Luchemos por lo que es nuestro,
de nadie más ha de ser.



Lingua: Italiano

Versione integrale italiana di Riccardo Venturi
(2002)

ikikeLa “Cantata Santa María de Iquique” fu composta da Luis Advis alla fine del 1969. Il testo si basa sul libro “Reseña Histórica de Tarapacá”, dal quale fu tratta la maggior parte dei dati storici; dal punto di vista musicale l’opera segue la struttura delle antiche cantate popolari, sebbene sostituisca una tematica sociale a quella religiosa tradizionale. La musica di tradizione europea comprende alcuni elementi latinoamericani.

All’inizio del 1970, il direttore musicale dei Quilapayún, Eduardo Carrasco, chiese a Luis Advis di arrangiare alcune canzoni della cantante greca Danae. Il giorno stesso, Advis gli mostrò una parte del materiale al quale stava lavorando: una cantata ispirata al massacro dei minatori del salnitro avvenuto nel 1907. In breve tempo i Quilapayún prepararono la “Cantata Santa María de Iquique” e la presentarono ufficialmente nel luglio del 1970 al II Festival della Nueva Canción Chilena. Circa due mesi dopo l’esordio, i Quilapayún e Héctor Duvauchelle la incisero presso i vecchi studios della RCA. Parteciparono all’incisione i Quilapayún al completo (Eduardo Carrasco, Carlos Quezada, Willy Oddó, Patricio Castillo, Hernán Gómez e Rodolfo Parada) e Héctor Duvauchelle come voce recitante.

Sebbene il compositore non si fosse mai dichiarato appartenente ad alcun partito politico, la cantata riveste un significato sociale come poche altre e rappresenta senz’altro il culmine del movimento della Nueva Canción Chilena. “Luis Advis, senza essere un politico, ci aveva azzeccato in pieno”, scrisse Eduardo Carrasco nel suo libro “Quilapayún, la Revolución y las Estrellas” (Ornitorrinco.1988).

Dopo il golpe militare dell’11 settembre 1973, i nastri master della “Cantata Santa María de Iquique” furono distrutti; tuttavia, il gruppo continuò a rappresentarla durante il suo esilio. Nel 1978 i Quilapayún la reincisero in Europa ma, con con grande disgusto da parte di Luis Advis, incaricarono lo scrittore argentino Julio Cortázar di modificare il testo originale e fecero anche delle piccole modifiche musicali. Sebbene la nuova versione sia stata incisa due volte, il gruppo continuò a portarla in scena così come era stata creata dal suo autore. “Non mi piace che i miei testi siano modificati senza nemmeno chiedermelo”, dichiarò alla stampa Luis Advis, “e inoltre io non uso la parola ‘popolo’ come la usa Cortázar. Ero talmente infastidito con questo signore che stavo per scrivergli una lettera, però non lo feci perché il mese dopo morì.”

Il 1° novembre 1997, i Quilapayún tornano a indossare i loro tradizionali ponchos neri e presentano per la prima volta la “Cantata” nelle miniere di salnitro del nord del Cile (a Santa Laura, nel territorio di Iquique). A questo concerto parteciparono Daniel Valladares, Rodolfo Parada, Patricio Wang, Hugo Lagos, Guillermo García e Hernán Gómez. Fu invitata la violoncellista Gabriela Olivares, mentre la voce recitante era di Héctor Noguera.

Nel 1999, su iniziativa della División de Cultura y SCD, fu pubblicato lo spartito originale della “Cantata Santa María de Iquique” all’interno di una collana editoriale di spartiti musicali cileni. L’edizione si apre con un testo di Eduardo Carrasco:

“…Il suo valore consiste nel modo in cui, dentro essa, hanno saputo sintetizzarsi l’ispirazione e il talento dell’autore ed i sentimenti e i valori dell’epoca in cui essa fu scritta. L’opera fu composta tra il novembre del 1969 e il marzo del 1970 per essere poi interpretata dal gruppo dei Quilapayún.

Per realizzare tale composizione, l’autore si basò su alcuni brani di opere precedenti, scritte come musica teatrale (opere di Jaime Silva e Isidora Aguirre), e su una serie di poesie scritte all’inizio del 1968 in seguito ad un lungo viaggio a Iquique e dintorni (nord del Cile). Lo speciale capitolo dedicato al massacro della scuola Santa María, contenuto nel libro di storia locale intitolato "Reseña histórica de Tarapacá", di Carlos Alfaro Calderón e Miguel Bustos, pubblicato a Iquique nel 1935, servì come unica fonte di informazioni per la realizzazione del testo. Vi si ricorda la strage dei minatori che ebbe luogo nel 1907 presso la scuola Santa María di Iquique, un evento che, sebbene ignorato dalla storia ufficiale, rimase impresso nella memoria della gente del Nord.

La “Cantata Santa María de Iquique” è il risultato più riuscito di un genere di opere, anteriori e posteriori a questa, che in Cile e in tutta l’America Latina è stato definito “Cantata” proprio prendendo a modello quest’opera. L’idea centrale è quella di unire i ritmi folkloristici nazionali ad una musica di maggiore elaborazione, dando così luogo ad un genere intermedio tra il popolare e il colto. Essa conserva inoltre il carattere drammatico proprio essenzialmente della cantata classica, sebbene in questo caso l’azione musicata venga recitata e non cantata (recitativo). Questo permette un maggior realismo nel racconto ed una maggiore attenzione al carattere drammatico della musica. Questo genere schiuse un orizzonte inatteso allo sviluppo della musica popolare in Cile e nell’intero continente, ed inoltre permise di gettare un nuovo ponte tra i musicisti colti e quelli popolari, stabilendo così le basi per una nuova musica che, senza cessare di essere popolare nel senso della sua ampia diffusione, non rinunciava a intenti artistici assai più ambiziosi.

Nella Cantata si conservano le arie e i cori cantati, vale a dire i brani strumentali della cantata classica. L’orchestrazione è scritta per strumenti folklorstici integrati da un violoncello e da un contrabbasso e serbando l’alternanza tra cori e solisti. L’opera, di grande fattura espressiva, utilizza nella sua forma originale l’armonia classica romantica, creando effetti ambientali di grande impatto emotivo. Contiene inoltre efficaci contrappunti, riuscendo così a creare un senso di unità compositiva raramente raggiunto in opere di questo genere.

L’opera fu rappresentata nel luglio del 1970 al Teatro La Reforma di Santiago del Cile, e fu poi pre4sentata al II Festival della Nueva Canción Chilena, che si svolse nell’agosto dello stesso anno all’Estadio Chile di Santiago (l’attuale Stadio Víctor Jara). Gli interpreti originali furono il gruppo dei Quilapayún e l’attore Héctor Duvauchelle, che ugualmente prese parte alla prima incisione dell’opera, realizzata pochi mesi dopo.”


1907: minatori del salnitro a Iquique.
1907: minatori del salnitro a Iquique.
CANTATA SANTA MARIA DE IQUIQUE


1. Chiamata all'attenzione

Signore e Signori
andiamo a raccontare
quello che la storia
non vuole ricordare.
Accadde nel gran Nord,
Iquique fu la citta',
Il mille e novecentosette
fu proprio un anno fatale.
La', il povero "pampero"
Lo ammazzaron cosi' per fare.

Saremo noi a parlare,
diremo la verita'.
Verita' che e' la morte amara
degli operai del salnitro.
Ricordate la nostra storia
di pena senza perdono;
quanto piu' passa il tempo,
mai bisogna dimenticare.
E ora vi chiediamo
di fare tutti attenzione.

2. Primo racconto

Se contemplate la pampa e i suoi angoli
vedrete le secchezze del silenzio,
il suolo abbandonato e le officine vuote
come l'ultimo dei deserti.

E se osservate la pampa, e la immaginate
ai tempi dell'industria del salnitro,
vedrete la donna a un mesto focolare,
l'operaio senza volto, il bambino triste.

Vedrete anche la stamberga diroccata,
la candela che illuminava la sua poverta';
le pareti incrostate di giallamina
e, per letto, i sacchi stesi in terra.

Vedrete anche castighi umilianti,
un ceppo in cui mettevan l'operaio
per giorni e giorni fisso al sole,
non importa se, alla fine, poi moriva.

La colpa dell'operaio, molte volte,
era il dolore fiero che mostrava.
Ribellione impotente, che insolenza!
La legge del ricco padrone e' sacra.

Vedrete anche la paga che gli davano.
soldi non ne vedevano, solo buoni;
un buono per ogni giorno di lavoro,
che veniva cambiato per mangiare.

E attenti a comprare da altre parti!
Non si poteva, in nessuna maniera,
anche se la roba era meno cara.
Era stato vietato dalla Fabbrica.

Il potere d'acquisto di quel buono
si era via via abbassato, con il tempo;
ma il salario giornaliero restava uguale.
Un aumento? Neppure a parlarne.

Se contemplate la pampa e i suoi angoli
vedrete le secchezze del silenzio.
E se osservate la pampa e com'e' stata
sentire, strozzati, dei lamenti.

3. Prima canzone

Il sole nel grande deserto
e il sale che ci bruciava.
Il freddo nelle solitudini,
nebbia densa, lunga notte.
La fame di pietra secca
e i gemiti che ascoltava.
La vita di morte lenta
e la lacrima che scorreva.

Le case spossessate
e l'operaio che attendeva
il sonno, che era l'oblio,
a una pena rimandata.
Il vento nella pampa immensa
non sarebbe cessato mai.
Durezza di siccita'
per sempre sarebbe rimasta.

Il salnitro, pioggia benedetta,
diventava maledetta.
La pampa, pane d'ogni giorno,
cimitero e terra amara.
E passava, passava il tempo,
continuava a far tutto schifo,
durezza di siccita'
per sempre sarebbe rimasta.

4. Secondo racconto

Si erano accumulati tanti danni,
tanta poverta', tante ingiustizie;
non ne potevan piu', e con le parole
dovettero richiedere le cose.

Alla fine del mille e novecentosette
inizio' lo sciopero nel San Lorenzo;
e all'improvviso tutti ascoltarono
un grido che volava nel deserto.

Da un'officina all'altra, come raffiche,
s'udivan le proteste operaie.
Da un'officina all'altra, i signori
guardavano indifferenti o con disprezzo.

Cosa importa loro della ribellione,
di quelli che non ha nulla, dei paria.
Presto torneranno, ben pentiti,
la fame li fara' tornare a testa bassa.

Che fare, allora, se nessuno ascolta?
Questo il fratello chiedeva al fratello.
Quel che abbiam chiesto e' giusto, e e' ancora poco;
dovremo perder dunque le speranze?

Cosi', con amore e sofferenza
s'ando' radunando chi voleva;
si sarebbero raccolti in un luogo solo,
c'era da scender giu', al grande porto.

5. Seconda canzone: Andiamo, donna

Donna, andiamo,
partiamo per la citta'.
Tutto sara' diverso,
non c'e' da dubitare.
Non c'e' da dubitare,
fìdati e vieni a vedere,
perche' a Iquique
tutti capiranno.

Donna, prendi la mia "manta" (*),
ti coprira'.
Mettiti il bimbo in collo,
non piangera'.
Non piangera', fìdati,
sorridera'.
Gli canterai una ninna-nanna,
s'addormentera'.

Ma che cosa succede?
Dimmi, non star piu' zitto.
Un lungo cammino
ci avrai da fare,
attraverso le montagne
andiamo, donna.
Andiamo, donna, fìdati,
dobbiamo arrivare
alla citta' e vedremo
tutto quanto il mare.

Dicono che Iquique e' grande
come una miniera di salnitro,
che ci son tante belle case,
ti piaceranno.
Ti piaceranno, fìdati,
com'e' vero Iddio,
laggiu' al porto tutto
sara' migliore.

Ma che cosa succede?
Dimmi, non star piu' zitto.
Andiamo, donna,
partiamo per la citta'.
Tutto sara' diverso,
non c'e' da dubitare.
Non c'e' da dubitare, fìdati,
e lo vedrai,
perche' a Iquique
tutti capiranno.

(*) la "manta" e' il mantello-scialle della povera gente, con due frange per legarlo.

6. Terzo racconto

Dal quindici al ventuno
del mese di dicembre
duro' il lungo viaggio
per i pendii.
Scesero in ventiseimila
o forse piu',
coi loro silenzi ingoiati
nelle miniere di salnitro.
Scendevano ansiosi,
stavano arrivando
dalla pampa a migliaia
gli emarginati.
Non mendicavan nulla,
volevan solo
una risposta chiara
a quel che avevan chiesto.

Qualcuno, a Iquique,
li capi' bene
e si uni' a loro:
i Sindacati.
E solidarizzaron con loro
i carpentieri,
i lavoratori portuali,
i carrettieri;
gli imbianchini, i sarti,
i lavoratori a giornata,
chiattaioli, muratori,
i panettieri,
gasisti, magazzinieri
e scaricatori.
Eran sindacati giusti,
di povera gente.

I signori di Iquique
avevan paura;
mai si erano visti
tanti operai.
Il "pampero" non era
un uomo onesto,
poteva essere un ladro
o un assassino.
Nel frattempo le case
venivan chiuse,
guardavano soltanto
dalle finestre.
Pure i negozi
chiusero le porte,
c'era da star attenti
a cosi' tante bestie.
Meglio riunirli tutti
da qualche parte,
se andavan per le strade
era un pericolo.

7. Interludio cantato

Si sono uniti a noi
dei compagni di speranza;
ma gli altri, quelli piu' ricchi
non ci guardano neppure.

Fino a Iquique siamo venuti,
pero' Iquique ci guarda come stranieri.
Ci capiscono alcuni amici
ma gli altri ci negan la mano.

8. Quarto racconto

Il posto dove li portarono
era una scuola vuota;
e la scuola si chiamava
Santa María.

Lasciaron li' gli operai,
li lasciaron con dei sorrisi.
Dissero loro d'aspettare
solo qualche giorno.

Quegli uomini si fidarono;
di pazienza ne avevano,
visto che avevano aspettato
una vita intera.

Sette giorni aspettarono,
sette giorni d'inferno;
cosi' e' quando il pane ci si gioca
con la morte.

L'operaio e' sempre un pericolo,
cautelarsi e' necessario.
E cosi' lo stato d'assedio
fu dichiarato.

Per l'aria si senti' qualcosa,
s'udi' un tamburo lontano.
Era il giorno ventuno
di dicembre.

9. Terza canzone

Sono un operaio "pampero"
piu' vecchio di tutti voi;
la mia voce comincia a cantare
temendo qualcosa di fatale.

Quel che sento in questa occasione
devo proprio comunicarlo;
accadra' qualcosa di triste,
qualcosa d'orribile ci accadra'.

Il deserto m'e' stato infedele,
solo terra sbrecciata e sale,
pietra amara del mio dolore,
roccia triste di siccita'.

Piu' non sento che silenzio
e agonie di solitudine;
solo rovine d'ingratitudine
e ricordi che fanno piangere.

Che nella vita non c'e' da temere
l'ho gia' imparato con gli anni;
pero' dentro mi sento un clamore
che ora mi fa tremare.

E' la morte che si alzera'
galoppando nell'oscurita'.
Per il mare comparira',
sono vecchio e so che verra'.

10. Quinto racconto

Nessuno dica niente,
che' arrivera'
un nobil militare,
un Generale.
Lui sapra' che dir loro
con quella cura
che il signore usa
coi suoi lacche'.
Gia' viene il Generale
con molto strepito,
s'e' cautelato bene
coi suoi soldati.
E le mitragliatrici
son gia' disposte
strategicamente
attorno alla scuola.

Parla loro da un balcone,
con dignita'.
Questo e' quel che dice
il Generale:
"Non serve proprio a nulla
questa commedia,
finitela di inventarvi
tanta miseria.
Non capite i vostri doveri,
siete ignoranti;
disturbate l'ordine,
siete dei delinquenti.
Siete contro la nazione,
siete traditori.
State rubando alla patria,
siete dei ladri.
Avete stuprato delle donne,
siete degli indegni.
Avete ucciso dei soldati,
siete assassini.
Meglio che ve ne andiate
senza protestare;
chiedete pure, chiedete,
non avrete nulla.
Andatevene, dunque,
da questo posto,
se non obbedite agli ordini,
lo vedrete."

Dalla scuola, "Il Bigio",
un coraggioso operaio,
risponde senza vacillare
e a voce alta:
"Lei, signor Generale,
non ci capisce.
Continueremo a aspettare,
costi quel che costi.
Non siamo degli animali,
non siamo pecore,
leveremo la mano
e il pugno in alto.
Nuova forza daremo
col nostro esempio,
e il futuro lo sapra',
Glielo prometto.
E se Lei vuole far minacce,
io sono qui.
Spari a quest'operaio
dritto nel cuore."

Il Generale lo ascolta,
non ha vacillato;
con rabbia e gesto superbo
gli ha sparato.
E il primo sparo e' l'ordine
per la mattanza,
cosi' comincia l'inferno
con le scariche.

11. Litania

Tremilaseicento moritono
Uno dietro l'altro.
Tremilaseicento
Li ammazzarono uno ad uno.

La scuola Santa María
Vide sangue operaio.
Sangue che conosceva
Solo miseria.

Tremilaseicento
Resi sordi.
Tremilaseicento
Ammutoliti.

La scuola Santa María
Fu lo sterminio
Della vita che moriva,
unico grido di guerra.

Tremilaseicento sguardi
Che si spensero.
Tremilaseicento operai
Assassinati.

12. Quarta canzone

Un bimbo gioca nella scuola
Santa María.
Se gioca a cercar tesori
Che troverebbe?

Gli uomini della Pampa
che volevan protestare
li ammazzarono come cani
perche' c'era da ammazzarli.

Non si deve esser poveri, amico,
e' pericoloso.
Non si deve parlare, amico,
e' pericoloso.

Le donne della Pampa
si misero a piangere,
e anche loro le ammazzarono
perche' c'era da ammazzarle.

Non si deve esser povere, amica,
e' pericoloso.
Non si deve piangere, amica,
e' pericoloso.

E i bambini della Pampa
che guardavano soltanto,
ammazzaron pure loro
perche' c'era da ammazzarli.

Non si deve esser poveri, bimbo,
e' pericoloso.
Non si dovrebbe nascere, bimbo,
e' pericoloso.

Dove sono gli assassini
Che ammazzarono per ammazzare?
Lo giuriamo su questa terra,
Prima o poi li troveremo.

Lo giuriamo sulla vita,
Prima o poi li troveremo.
Lo giuriamo sulla morte.
Prima o poi li troveremo.

Lo giuriamo, Compagni:
quel giorno arrivera'.

13. Canzone di commiato

Signore e signori,
qui ha termine
la storia della scuola
Santa María.
Ed ora, con rispetto,
vi chiederei
d'ascoltar la canzone
di commiato.

14. Canzone finale

Voi che avete ascoltato
la storia che s'e' narrata,
non statevene li' a sedere
pensando che e' tutto finito.
Non basta solo il ricordo,
il canto non bastera'.
Non basta solo il lamento,
affrontiamo la realta'.

Domani o domani l'altro
o forse anche piu' in la',
la storia che avete ascoltato
si ripetera'.
Il Cile e' un paese lungo,
mille cose posson succedere
se non ci prepariamo
decisi a lottare.
Abbiamo ragioni pure,
abbiamo per che lottare.
Abbiamo le mani dure,
abbiamo con che vincere.

Uniamoci come fratelli,
nessuno ci vincera'.
Se voglion renderci schiavi,
non ce la faranno mai.
La terra sara' di tutti
e nostro sara' anche il mare.
Giustizia verra' per tutti,
ed anche la liberta'.
Lottiamo per i diritti
che tutti devono avere.
Lottiamo per quel che e' nostro,
di nessun altro sara'.



Lingua: Francese

Version française - CANTATE SAINTE MARIE DE IQUIQUE – Marco Valdo M.I. – 2012
D'après la version italienne de Riccardo Venturi
D'une chanson chilienne (espagnol) – Cantata Santa María de Iquique – Quilapayún – 1969
Paroles et musique de Luis Advis Vitaglich

iqqLa Cantate Sainte Marie d'Iquique est l’œuvre capitale de la Nueva Canción Chilena – Nouvelle Chanson Chilienne. Par la suite, elle fut remaniée par le poète Julio Cortázar, mais j'ai préféré la présenter dans le texte original de Luis Advis; peut-être moins "poétique", mais plus cru et plus authentique.
"La Cantate Sainte Marie d'Iquique" n'a pas pu être exécutée au Chili du 11 septembre 1973 jusqu'en 1990. Sous peine d'arrestation ou de déportation.
Les faits racontés arrivèrent dans la ville d'Iquique entre le 15 et le 21 décembre 1907; des faits semblables s'étaient produits quelques mois auparavant à Marusia (en août) ; ils ont aussi inspiré un film célèbre, Actas de Marusia, du metteur en scène Miguel Miguel Littín, interprété par Gian Maria Volonté. Le film était tiré par un livre de Patricio Manns . Curieusement, dans les jours-mêmes du massacre d'Iquique, fut étouffée dans le sang une autre protestation de mineurs à des milliers de kilomètres de distance, en Roumanie. Les morts d'Iquique furent en tout 3721, ceux-là en Roumanie au-delà 1500. [ En ce qui concerne les événements de Roumanie, il est important de noter ceci : que la grève des 7000 mineurs de la Vallée du Jiù (août-septembre) faisait suite à une formidable révolte paysanne en mai 1907 qui touchait toute la Moldavie et l' Olténie. La répression fut horriblement sanglante et fit plus de dix mille victimes, dit Lucien l'âne. Un coup les paysans, un coup les mineurs.]
L'ordre fut rétabli évidemment.

Tout d'abord, deux précisions de vocabulaire quant à la version française :
« Dans la nuit et la camanchaca. ».... La camanchaca est intraduisible, car c'est le nom d'un brouillard spécifique à la pampa des plateaux chiliens.
Ensuite :
« Trois mille six cents
Assourdis
Trois mille six cents
Amuïs. »
C'est cet adjectif "amui" qui mérite une explication particulière.
Le mot amuïr est un mot spécifique à la linguistique et désigne de fait de rendre « muet », certains sons. Ainsi, en va-t-il du « e » muet. Cependant, il n'existe pas de mot, de verbe français pour dire le fait de rendre muette une personne, de rendre muet quelqu'un. C'est la raison pour laquelle je me suis emparé d'« amuïr » et que je me suis empressé de l'appliquer aux gens. Le texte espagnol connaît le mot « enmudecido » et l'italien (la version de R.V.), utilise le mot « ammutolito » - au participe passé ; j'ai donc utilisé « amuï», participe passé d'amuïr, pour dire : « rendu muet ». C'est ainsi que la traduction finit par enrichir la langue, malgré elle.

Quant à l’histoire que raconte la cantate... je voudrais indiquer ce qui en ressort... En somme, son actualité. Là, en 1907 dans le Nord du Chili, à Iquique, en Moldavie, en Roumanie, ubique... comme le dit la cantate :
« Demain ou après-demain
Ou en un temps plus lointain
L'histoire que voilà
À nouveau se produira. »

Oh, dit Lucien l'âne en hochant sa large tête et en balançant ses oreilles en signe d'approbation, on dirait un épisode de la Guerre de Cent Mille Ans, quasiment un archétype. Une scène vécue des dizaines de fois, cent fois répétées en Inde, au Pakistan, en Chine, en Allemagne, aux Zétazunis, en Afrique, en Russie, chez nous, partout. Toujours, toujours ces massacres... Et toujours, toujours, les pauvres, les exploités, les opprimés, les révoltés... appelle-les comme tu veux, finissent par relever la tête et reprendre leur route vers le monde meilleur auquel tous, ils aspirent.

Parfois, dit Marco Valdo M.I., les soldats ne tirent pas... Comme ceux de ce régiment de ligne de l'armée française qui refusa de tirer sur les viticulteurs...Gloire au Dix-septième et même mieux encore, prit leur défense contre d'autres régiments de la même armée. C'était en cette même année 1907.

La même année 1907, j'étais de passage dans le Midi, cette année-là. Et, il me souvient que tout le Midi de la France manifestait pour échapper à la misère... L’État lui envoya l'armée avec ordre de tirer et il y eut des morts. Il s'agissait de préserver l'ordre social, déclara Georges Clémenceau, président du Conseil. Ce fut pourtant un mouvement formidable... [http://fr.wikipedia.org/wiki/R%C3%A9volte_des_vignerons_du_Languedoc_en_1907#Les_.C3.A9v.C3.A9nements_de_1907] La manifestation de Montpellier (le 9 juin) rassembla 800.000 personnes. Ainsi, le 26 mai 1907, 220 à 250 000 personnes manifestent à Carcassonne. Dès l’avenue de la gare, ils passent sous un arc de triomphe où est inscrit « Salut à nos frères de misère »... « Les Albigeois étaient autrefois réunis sous ces murs, ils y tombèrent pour la défense de leur liberté. Nous ferons comme eux ! En avant pour la défense de nos droits ! Le Midi le veut, le Midi l'aura ! » et autre discours : « Un souvenir me hante, souvenir de misère pareille à la vôtre ! Lorsque les barons féodaux envahissaient le Midi et le saccageaient, un troubadour pleurait ainsi : Ah ! Toulouse et Provence, et la terre d'Argence, Béziers et Carcassonne... »

Oh, tu sais bien Lucien l'âne mon ami, que le pouvoir central, arme des puissants et des riches, avait déjà mené croisade des siècles auparavant dans cette région de ce qui n'était pas encore la France et après des années et des années de massacres, avait écrasé les gens de la parole des pauvres et les porteurs de liberté. Cette fois-ci encore dans ce Midi d'il y a plus de cent ans, on réussit à enliser la révolte, à la noyer dans les promesses et la répression. Ainsi en va-t-il au travers du temps. La Guerre de Cent Mille Ans est très longue. Mais la terre tourne... Cependant, on ne peut passer sous silence la patience et l'obstination nécessaires pour venir à bout de cette entreprise de domination, de rapine et d'exploitation.

Je sais, je sais. Pierre Valdo et la Fraternité des Pauvres parlaient déjà il y a sept cents ans. Et nous, notre part dans cette longue lutte est de tisser chaque jour (ou presque) le linceul de ce vieux monde soumis aux dominations les plus cruelles, exploiteur en diable, volontairement amoral et cacochyme. (Heureusement !)

Ainsi Parlaient Marco Valdo M.I. et Lucien Lane


Les Quilapayún en 1969.
Les Quilapayún en 1969.
CANTATE SAINTE MARIE DE IQUIQUE

1. Votre attention...

Mesdames, messieurs,
Nous allons vous conter
Ce que l'histoire
Ne veut pas se rappeler.
Cela se passe dans le Grand Nord
Dans la ville d'Iquique.
En mil neuf cent et sept
Frappa la fatalité.
Là, le pauvre vacher
Fut tué pour tuer.

Nous sommes les trouvères
Nous dirons la vérité.
Vérité morte amère
Des ouvriers de la potasse.
Nous rappelons notre histoire
De douleur sans pitié.
Car plus le temps passe
Moins il faut oublier.
À présent, nous vous demandons
Votre attention.

2. Premier récit

Voici la pampa sans repères
Les lieux arides du silence
Le sol sans miracle et les ateliers vides
Comme au bout du désert.

Et si vous observez la pampa et l'imaginez
Au temps de l'industrie du salpêtre
Vous verrez la femme au foyer
L'ouvrier sans visage et l'enfant triste

Sans doute, la hutte en ruines,
La chandelle qui illuminait sa misère,
Les parois encroûtées de calamine
Et pour lit, des sacs et la terre.

Mais aussi, d'humiliants supplices,
Un piquet où on lie l'ouvrier
Sous le soleil des jours entiers
Qu'importe, si à la fin, il crève.

La faute de l'ouvrier, souventefois,
Était sa fière souffrance.
Rébellion impuissante. Insolence !
La loi du riche patron est la loi.

Voyez ce qu'ils lui baillent
Des bons à valoir ; jamais d'argent
Un pour chaque jour de travail
Pour la nourriture, uniquement.

Et pas question d'acheter ailleurs
On ne pouvait d'aucune manière
Même si c'était moins cher.
C'était interdit par le directeur.

Le pouvoir d'achat de ces bons
Baissait au fil du temps
Le salaire restait constant
Et surtout, jamais d'augmentation.

Voici la pampa sans repères
Les lieux arides du silence
Si vous observez la pampa d'hier
Vous entendrez leurs lamentations, par bribes.

3. Chanson I

Le soleil dans le grand désert
Et le sel qui nous brûla
Et le froid si amer
Dans la nuit et la camanchaca.
La faim de pierre sèche
Et nos gémissements qu'elle écoutait.
Notre vie de mort lente
Et les larmes qui coulaient.

Les maisons expropriées
Et l'ouvrier attendait
Le sommeil, oubli qui jamais ne venait
D'une peine retardée.
Le vent dans la pampa immense
Plus jamais ne cessera.
La dure sécheresse
Pour toujours restera.

Salpêtre, pluie bénie,
Se change en malheur.
La pampa, pain de vie,
Cimetière et terre amère.
Le temps passe, passe
Et une histoire mauvaise suivra,
La dure sécheresse
Pour toujours restera.

4. Récit II

S'était accumulé un dommage immense,
Beaucoup de pauvreté, beaucoup d'injustices;
Ils n'en pouvaient plus et leurs paroles
Durent réclamer l'obole.

À la fin de mille neuf cent sept
À San Lorenzo, la grève était dans l'air
Et au même moment, tous écoutaient
Un cri qui volait dans le désert.

D'un bureau à l'autre, comme des rafales,
On entendait les protestations de l'ouvrier.
Les Messieurs, d'un bureau à l'autre,
Le mépris marqué sur leurs visages blasés.

Que peut leur importer la rébellion
Des dépossédés, des parias ?
Bientôt repentis, ils reviendront
Tête basse. La faim les ramènera.

Que faire alors, si personne n'écoute ?
Le frère interrogeait le frère
Notre revendication est juste et c'est si peu :
Devons-nous laisser toute espérance ?

Ainsi, par la souffrance et l'amitié
Si on unissait les volontés,
En un seul lieu, elles comprendraient
Que descendre au grand port s'imposait.

Chanson II : Allons, femme !

Allons femme,
Partons à la ville.
C'est autre chose,
Il n'y a aucun doute.
Il n'y a aucun doute,
Viens voir, aie confiance,
Car à Iquique
Tous comprennent.

Femme, prends ma couverture,
Elle te protégera
Prends l'enfant dans tes bras
Il ne pleurera pas.
Aie confiance, il ne pleurera pas,
Il sourira
Tu lui feras lalalala
Il s'endormira.

Qu'est-ce qui se passe ?,
Ne te tais plus, dis-moi,
Un long chemin, il faudra
Que tu fasses
Au travers des collines,
Allons femme.
Allons femme, aie confiance,
Il suffit d'arriver à la ville
Nous pourrons voir toute la mer.

Iquique est plus grand peut-être
Que la mine de salpêtre
Qu'il y a beaucoup de jolies maisons
Qui te plairont.
Aie confiance, elles te plairont fort
Confiance comme en Dieu,
Là-bas dans le port
Tout sera mieux.

Qu'est-ce qui se passe ?,
Ne te tais plus, parle,
Allons femme,
Partons à la ville.
C'est autre chose,
Il n'y a aucun doute.
Il n'y a aucun doute,
Viens voir, aie confiance,
Car à Iquique
Tous comprennent.

Récit III

Durant six jours
Du mois de décembre,
Se fit leur long parcours
À travers les collines.
Vingt-six mille ont marché
Ou plus peut-être
Avec leurs silences usés
Par le salpêtre.
Anxieux, ils descendaient,
Ils arrivaient
De la pampa, par milliers
Eux, les relégués
Ils ne venaient pas mendier
Ils venaient réclamer
Réponse à leur demande
Une réponse claire.

Certains à Iquique
Les comprirent
Et à eux, s'unirent
C'étaient les syndiqués
Et se solidarisèrent
Les charpentiers
Les mariniers
Les charretiers
Les peintres et les tailleurs,
Les journaliers,
Les maçons et les carreleurs
Les boulangers
Les plombiers et les livreurs
Les dockers et les aconiers
Juste regroupement
De pauvres gens.

Chez les bourgeois d'Iquique
C'était la panique.
Ils ne se souvenaient pas
D'avoir vu tant d'ouvriers
Le pampino n'est pas
Un homme à qui se fier
Il peut voler, qui sait
Ou assassiner.
Les maisons, entre temps
S'étaient resserrées,
On regardait seulement
Par les fenêtres fermées.
Le Commerce avait fermé
Aussi ses portes,
Il fallait se garder
De tant de bêtes.
Il valait mieux les rassembler
En un seul lieu,
Les laisser déambuler.
C'était dangereux.

Interlude chanté

À nous, se sont unis
Des compagnons d'espérance
Et les autres, les nantis
Nous considèrent avec méfiance.

Nous sommes venus à Iquique
Iquique nous prend pour des bourriques ;
Certains amis sont des soutiens
Mais les autres nous refusent la main.

Récit IV

L'endroit où on les emmenait
Était une école vide
Et l'école s'appelait
Sainte Marie.

Ils y laissèrent les ouvriers
Ils les laissèrent en souriant
Ils leur dirent de patienter
Un jour seulement.

Les hommes eurent confiance
Ils ne manquaient pas de patience
Attendre, ils avaient dû le faire
La vie entière.

Ils attendirent sept jours
Un enfer de sept jours
C'est ainsi quand le sort
Se joue avec la mort.

L’ouvrier est toujours un danger
Il faut s'en préserver.
C'est pour cette raison-là
Que l'état de siège, on déclara.

Un bruit traversa les ombres
Au loin, on entendit un tambour.
Le vingt et unième jour
De décembre.

Chanson III

Je suis ouvrier pampino
Et de tous le plus bancal
Ma voix entame un crescendo
Pressentant quelque chose de fatal.

Ce que je ressens cette fois
Je dois le communiquer
Quelque chose de triste se produira
Quelque chose d'horrible va nous arriver
Le désert ne m'a pas été fidèle
Rien que terre craquelée et sel,
Pierre amère de ma douleur
Roche triste de la chaleur

Je n'entends plus que silence
Et agonies de solitude ;
Seulement ruines d'ingratitude
Et souvenirs d'hébétudes.

Qu'en la vie, il n'y ait rien à craindre
Je l'ai appris avec le temps ;
J'entends une clameur pourtant
Qui me fait trembler maintenant.

C'est la mort qui arrivera
Galopant dans l'obscurité
De la mer, elle viendra
Je suis vieux ; la voilà, je le sais.

Récit V

Silence total
Quand arrive
Un noble militaire
Un Général.
Il saura comment leur dire
De la manière
Dont un seigneur
Traite les serviteurs.
Le Général est arrivé
Dans un grand boucan
Très bien protégé
Par son régiment.
Les mitrailleuses en corolle
Stratégiquement
Autour de l'école.

Du haut d'un balcon,
Il parla d'un ton martial.
Voici la déclaration
Du Général.
« Ça ne peut rien donner
Toutes ces manières
Cessez d'inventer
Tant de misère.
Vous ne comprenez pas les ordres
Vous êtes des ignorants
Vous perturbez l'ordre,
Vous êtes de mauvaises gens
Vous êtes contre le pays,
Vous êtes des traîtres
Vous volez la patrie
Vous êtes des voleurs
Vous abusez des filles
Vous êtes des violeurs
Vous avez tué des miliciens
Vous êtes des assassins
Il vaut mieux partir de ce pas
Sans protester
Que même vous demandez et redemandez
Ce que vous voulez, vous ne l'aurez pas.
Partez, partez
De cet endroit
Si vous n'obéissez pas
Vous le regretterez. »

De l'école, « Le Blond »,
Ouvrier valeureux,
Répondit sans émotion
D'un ton sérieux :
« Señor Général, vous
Ne nous comprenez pas du tout.
Nous poursuivrons nos espérances
Quoi qu'il nous en coûte.
Nous ne sommes pas des animaux
Ni un troupeau.
Nous lèverons fiers
Notre poing en l'air.
Nous donnerons des forces nouvelles
Par notre exemple
Et le futur le saura
Je vous l'assure.
Et si vous menacez
Je suis ici, moi.
Tirez sur cet ouvrier, tirez
En plein cœur. Tout droit. »

Le général l'a écouté,
N'a pas cillé,
De rage et d'un geste altier
Il l'a fusillé.
Le premier tir fut l'ordre
Pour le massacre
Et ainsi commença l'infernale
Fanfare des rafales.

Litanie

Il en mourut trois mille six cents.
Un après l'autre,
Trois mille six cents
Abattus l'un après l'autre.

L'école de Sainte Marie
Connut la mort ouvrière.
Un sang qui de sa vie
Ne connut que la misère.

Trois mille six cents
Assourdis
Trois mille six cents
Amuïs.

L'école de Sainte Marie
Fut la boucherie
D'une vie mourant
En un seul hurlement.

Trois mille six cents regards
Pour toujours hagards
Trois mille six cents ouvriers
Assassinés.

Chanson IV

Un enfant joue dans l'école
Sainte Marie.
Joue à débusquer des trésors
Qu'y trouvera-t-il ? Fors la mort.

Les hommes de la pampa
Qui voulurent protester
Comme des chiens furent tués
Car il fallait que cela soit.

Il ne faut pas être pauvre, ami
C'est dangereux
Il ne faut pas parler, ami
C'est dangereux.

Les femmes de la pampa
Se mirent à pleurer
Ils durent aussi les tuer
Car il fallait que cela soit.

Il ne faut pas être pauvre, amie
C'est dangereux
Il ne faut pas pleurer, amie
C'est dangereux.

Les enfants de la pampa
Ne faisaient que regarder
Ils durent aussi les tuer
Car il fallait que cela soit.

Il ne faut pas être pauvre, petit
C'est dangereux
Il ne faut pas naître, petit
C'est dangereux.

Où sont les assassins
Qui tuèrent pour tuer ?
Nous le jurons sur la terre
Nous les chercherons sans fin.

Nous le jurons sur la vie
Nous les chercherons sans fin
Nous le jurons sur la mort
Nous les chercherons sans fin.

Nous le jurons camarades,
Ce jour viendra.
Nous le jurons camarades,
Ce jour viendra.

Votre attention...

Mesdames et messieurs,
Ici s'achève
L'histoire de l'école
Sainte Marie.
Et à présent,
Nous vous prions respectueusement
D'écouter la chanson
De conclusion

Chanson finale

Vous qui avez écouté
La chanson ici contée
Ne restez pas là à méditer
Pensant que c'est du passé.
Le seul souvenir ne suffit pas
Le chant ne suffit pas
Il ne faut pas seulement se lamenter
Nous devons voir la réalité.

Demain ou après-demain
Ou en un temps plus lointain
L'histoire que voilà
À nouveau se produira.
Le Chili est un pays si grand
Mille choses peuvent se passer
Si nous ne sommes pas dès maintenant
Décidés à lutter.
Nous avons des raisons sûres,
Nous avons de quoi lutter,
Nous avons les mains dures,
Nous avons de quoi gagner.

Unissons-nous comme des frères
Et rien ne nous vaincra.
S'ils veulent nous mettre des fers
Ils n'y arriveront pas
À tous sera la terre
À nous aussi sera la mer
Pour tous, la justice viendra
Tout comme la liberté.
Nous luttons pour les droits
Dont tous doivent bénéficier
Nous luttons pour que ce qui est nôtre
N'aille plus à d'autres.

inviata da Marco Valdo M.I. - 13/8/2012 - 20:59


Luis Advis Vitaglich, il grande compositore cileno autore del testo e della musica della "Cantata Santa María de Iquique" (ed anche del "Canto para una Semilla", su testi di Violeta Parra, nonché della sinfonia "Los tres tiempos de América"), è scomparso il 9 settembre 2004 a Santiago del Cile, per un male incurabile diagnosticatogli poco tempo prima. Era nato nel 1935 proprio a Iquique, la città in cui erano avvenuti i tragici fatti narrati nella "Cantata".

Luis Advis Vitaglich.
Luis Advis Vitaglich.

Riccardo Venturi


La escuela Santa María, canta de día, pena de noche nos comentaba "Pachín Advis" amigo y compañero de colegio.
Durante el día hay alumnos que ignoran la tragedia del suelo que pisan, en la noche el silencio se acompaña con las voces de aquellos que no pudieron callar.
Así íbamos escuchando sus relatos que pronto los transformaría, en una plegaría inolvidable de la tragedia nortina.
Al obrero, su mujer e hijos de la pampa, nunca se podrá hacer un monumento más glorioso que el canto a su muerte, de PACHIN ADVIS.
Con el cariño de siempre, gracias amigo, un pampino de Rosario de Huara, Iquique 2007

(Jorge Múñoz Salgado)

L'amico e compagno pampino Jorge Múñoz Salgado non deve essere soltanto ringraziato per questo suo commento (cosa che, comunque, facciamo con tutto il cuore); al suo commento deve essere dato il giusto risalto. Ci ha scritto una persona che è stata compagno di collegio di Luis Advis, e che l'ha sentito promettere che avrebbe scritto, un giorno, la Cantata Santa María de Iquique. Ma diamo spazio alle sue parole traducendo integralmente il commento:

"La scuola Santa María canta di giorno, pena di notte, ci commentava 'Pachín Advis', amico e compagno di collegio. Durante il giorno ci sono alunni che ignorano la tragedia del suolo su cui camminano, di notte il silenzio si accompagna alle voci di quelli che non poterono tacere.
Così ascoltavamo i suoi racconti, che presto avrebbe trasformati in una preghiera indimenticabile per la tragedia del nord del Cile.
All'operaio, a sua moglie e ai suoi figli della Pampa non potrà mai essere eretto un monumento più glorioso del canto sulla loro morte di PACHIN ADVIS. Con eterna gratitudine, grazie amico, un pampino di Rosario de Huara, Iquique 2007."


Che altro dire, se non una promessa? Continueremo a voler preservare la memoria di questo e di altri avvenimenti, solo apparentemente lontani nel tempo, ma vicinissimi nella prosecuzione delle ingiustizie e dei massacri del potere. [RV]

1/4/2007 - 06:01


Santa Maria di Iquique
dal quaderno di Saramago

Santa Maria è il nome della scuola, per questo si suppone che la santa propriamente detta, quella del cielo, non intervenne nella questione come, invece, il suo potere l’avrebbe dovuta obbligare a fare. Il posto si chiama Iquique, un posto di mare, all’epoca importante in Cile, in una regione ricca di salnitro, questo miscuglio di nitrato di sodio e nitrato di potassio creato direttamente nell’inferno, come certamente pensavano le migliaia di persone, sia cilene che dei paesi limitrofi, che lavoravano alla sua estrazione. Siamo nel 1907. Inevitabile come il destino, perché è questa la logica assoluta del capitale, l’impietosa sovra-esposizione della forza lavoro di questa povera gente finì per raggiungere estremi insopportabili. Lo sciopero fu la risposta naturale. Dai villaggi di minatori tra le montagne cominciarono a scendere, prima centinaia, poi migliaia di lavoratori che si concentrarono nella scuola Santa Maria, a Iquique. Dopo alcuni giorni duranti i quali gli scioperanti tentarono, senza risultato alcuno, di negoziare, le autorità governative, pressate dai capitalisti stranieri, decisero di porre fine in qualsiasi modo alla ribellione. Il 21 dicembre, più di 3000 persone, non solo minatori, ma anche vecchi, donne e bambini, furono in modo criminale massacrati dai militari chiamati a reprimere. Nella storia del Cile non sono mancate pagine nere. Questa è stata una delle più tragiche, e anche delle più assurde.

Passate alcune decadi, il compositore cileno Luis Advis, musicista autodidatta di enorme talento, compone e scrive la Cantata di Santa Maria di Iquique per il gruppo dei Quilapayún. Presentata al pubblico all’inizio degli anni ’70, la Cantata di Santa Maria è, ancora oggi, uno dei più grandi esempi della Nuova Canzone Cilena e di gran parte del Sudamerica. Ho qui un DVD, novanta minuti guidati da questo magico strumento che è il flauto andino e dalle magnifiche voci dei componenti del gruppo. Sono presente anche lì. Pochi giorni prima del mio ricovero in ospedale, nel novembre del 2007, vennero qui perché io registrassi una dichiarazione. Vi avviso subito che non troverete José Saramago, ma il suo fantasma. Non esistono altre immagini di me tanto scioccanti di quel periodo. Mi verrebbe quasi voglia di chiedere di eliminarle, ma il vissuto è vissuto e non si deve negare. In tutti i casi, di fronte a quei 3000 morti, la modestia consiglia di moderare le espansioni rispetto a una pena personale. Smettiamo qui.

17/8/2015 - 19:16


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