Antonio Aparicio

Canzoni contro la guerra di Antonio Aparicio

Antonio Aparicio nació en Sevilla en 1912. Su primer libro poético apareció durante la guerra incivil. Junto con Sánchez Barbudo, Arturo Serrano Plaja, Emilio Prados, Juan Gil-Albert, Herrera Petere, Lorenzo Varela, Miguel Hernández, Ramón Gaya y otros escritores, redactó la Ponencia Colectiva presentada ante el II Congreso Internacional de Escritores, celebrado en Valencia en agosto de 1937. Fue colaborador de la revista Hora de España . Exiliado primero en Chile, luego en Londres, y antes de regresar a España residió en Venezuela, viviendo varios años en Caracas, siendo redactor del diario El Nacional. Publicó en Buenos Aires en 1946, Fábula del pez y la estrella, y en Chile, una “plaquette” titulada Cuando Europa moría, y posteriormente -1952- otra en París: El rayo bajo la tierra . Es autor de Los campesinos, con música de Enrique Casal Chapí, nieto de Ruperto Chapí. También fue el autor de Ardiendo en ira y de una obra dramática Los miedosos valientes. El resto de su producción anda disperso por revistas, libros colectivos, antologías... Colaboró en Luna, revista literaria publicada dentro de la Embajada de Chile en Madrid, en 1939-1940, por el grupo de refugiados que se encontraban allí y que fue dirigida por Manuel Andujar. También colaboró en España Libre, periódico quincenal publicado en Santiago de Chile.


Fábula del pez y la estrella lleva un poema-prólogo y un poema-epílogo que dan unidad al conjunto, dominado por dos grandes temas: el amor y la muerte. Las cinco partes a través de las cuales se distribuyen los poemas tienen una cierta unidad interna. La primera muy extensa, como su título - Canciones - sugiere, está hecha por poemas breves, de ritmo cercano evocativo: están dominadas por el recuerdo de lugares o de objetos relacionados con un lugar: Sevilla. La evocación se hace más dolorosa en la segunda parte, momento en que el poeta recuerda -principalmente- una guerra vivida con todo entusiasmo, a pesar del sufrimiento. Con frecuencia hallamos en toda esta parte un sentimiento de solidaridad hacia los otros. Como Serrano Plaja, como Herrera Petere, como tantos otros Aparicio ve en la segunda guerra mundial una continuación de la guerra española y, en la victoria de los aliados, una esperanza. Poemas de la ausencia y de la nostalgia, del dolor, pero también de la fe y la esperanza humanas, y un hondo humanismo: “Tierra lejana, / eterna y viva, / junto a mi alma”, son los pentasílabos finales del poema “Destierro”.


En los tercetos que constituyen la tercera parte de Fábula ..., los temas claves, amor y muerte, parecen estar en constante lucha: la muerte -total o parcial, es decir, muerte de una parte de sí mismo- parece vencer. Mas los dos apartados que siguen -que podríamos ver como elegías con una esperanza final siempre- son un triunfo de la vida o, al menos, de ideas y sentimientos que permanecen vivos para el futuro. Así, el poeta hablándole a Pablo de la Torriente, dice: “Contemplando tu muerte, te he visto ensimismado / y fundido con ella en un abrazo fuerte / te vas, pero te quedas y sigues a mi lado”. A Miguel Hernández: “Espéranos, espera / yacente prisionero, camarada, / muerto tu corazón aún tiene cerca / para cantar la nueva primavera”. Y a Federico García Lorca: “Allí queda en el aire tu figura, / subida a las barandas de Granada, / escuchando el caer del agua pura...”


Aparicio publicó en Insula, un homenaje a Luis Cernuda; en Papeles de Son Armadans, un homenaje a Picasso... Aparicio tiende cada vez más al poema breve y muy conciso: con frecuencia hallamos poemas de dos o tres versos. Los temas son variados, pero son abundantes los poemas dominados por su sentimiento de español desterrado y, sobre todo, dominados por su fe humana: “Si no he perdido el hombre / el viento vencerá a la noche”. Sin olvidarse nunca de su tierra: “He de volver a ver tu clara frente / al pie de aquella luz de Andalucía / que siento sobre el alma diariamente... Te sueño con la noche y con el día / y enlazo mi camino hacia el recuerdo / que ni se desvanece ni se enfría”.

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